Breve y en lunes

En este mes de febrero, lleno de tradiciones populares, hemos elegido un cuento que, con ciertas variantes, pervive en zonas de Castilla y León y Extremadura.

EL ALCARAVÁN Y LA ZORRA

La pájara estaba en su nido con sus pequeños pajarillos cuando empezó a nevar. Hacía mucho frío y se esforzaba por taparlos para que no se helaran.

Una zorra pasó por allí helada y muerta de hambre y al ver a la pájara con sus pajaritos en el nido tuvo una idea.
– ¡Oye pájara! ¡Dame uno de tus polluelos, que tengo hambre!
– ¿Cómo? ¡Ni hablar!
– Tu verás pero si no lo haces te corto la rama en la que te sostienes…
No tengo escapatoria – pensó la pájara – Tendré que entregárselo para salvar al resto, porque si nos corta la rama acabará con todos.
Así que la pájara tuvo que hacer caso a la zorra.

Estaba tan triste la pájara después de aquello que no hacía otra cosa que llorar. Entonces, pasó por allí el alcaraván.


– ¿Pero qué te pasa pájara?
– Que la zorra me ha amenazado con cortarme la rama en la que tengo mi nido con mis polluelos si no le daba uno para comérselo y no me ha quedado más remedio que hacerle caso…
– ¡Será embustera esa zorra! No puede romperte la rama de ninguna forma ¡Lo único que corta las ramas son las hachas de los hombres!
– ¿Cómo? No te preocupes que no volverá a engañarme.

Al día siguiente volvió la zorra con la misma cantinela.
– ¡Oye pájara! ¡Dame uno de tus polluelos, que tengo hambre!
– ¡No, ni hablar!
– Tu verás pero si no lo haces te cortaré la rama en la que te sostienes…
– ¡Mentira! Lo único que corta las ramas son las hachas de los hombres
– ¿Y quién te ha dicho eso?
– ¡El alcaraván!

La zorra estaba muy enfadada de que el alcaraván le hubiese fastidiado sus planes así que se marchó a buscarlo al prado para comérselo.
– Hola alcaraván, precisamente a ti te estaba yo buscando
– ¿A mi? ¿Por qué? – dijo el ave tratando de disimular el miedo que le estaba entrando al ver a la zorra relamerse
– ¡Porque le contaste a la pájara que no puedo cortar su rama!
– Ah bueno eso…
– Nada de buenos, ¡te voy a comer ahora mismo!
– Un momento. Antes tienes que subir a lo alto de la Peña de la Hogaza, que es ese monte que se ve allí, y gritar tres veces ¡¡alcaraván comí!! porque así mis hijos rezarán por mí cuando lo oigan.
A la zorra le pareció una tontería, pero puesto que se lo iba a comer le dio igual hacerle caso. Subió a lo alto del monte con el pájaro en su boca y gritó:
– ¡Alcaraván comí!
– Así no, más alto hombre que si no no lo oirán y no rezarán.
– ¡¡Alcaraván comí!!
– Pero más alto, que no lo van a oír
Y la zorra cogió mucho aire por tercera vez y dijo:
– ¡¡¡Alcaraván coomíiiii!!!

Y abrió tanto la boca que el alcaraván pudo escaparse volando y contestó:

– ¡A otro más tonto y no a mí!

FIN

Esta versión se puede encontrar en: Cuentos cortos. com (http://www.cuentoscortos.com/cuentos-populares/el-alcaravan-y-la-zorra)

Con matices distintos, Kalandraka publicó La mierlita, recogida en la provincia de Cáceres y editada por Antonio Rubio con Ilustraciones de Isidro Ferrer.

“Había una vez una mierlita que tenía su nido en un roble. Acababa de tener cinco hijitos y cantaba muy contenta:

– ¡Qué contenta estoy,

qué contenta estoy,

a mis cinco mierlitos comida les doy!”

Del mismo modo que en la versión transcrita, una zorra aparece debajo del árbol y amenaza a la mierlita, esta vez en varias ocasiones:

“Si no me echas otro mierlito,

iré a la madriguera a por el jápele-jópele

y te cortaré el roble.

Y si te corto el roble,

se rompen las ramas;

y si se rompen las ramas,

se rompe el nido

y te quedas sin mierlitos.”

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *