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Breve y en lunes

AMORES, un relato circular del académico de la lengua, escritor, mantenedor de la tradición del filandón leonés, tertuliano incansable… Luis Mateo Díez

Cuando Amparo me dijo que no me quería, después de seis meses de tenaz noviazgo, me recluí en casa de mi tía Eredia por espacio de tres meses.

El amor de Luisina un año más tarde vino a curar aquella herida que seguía sin cerrarse. Fue un tiempo corto, eso sí, de felicidad e ilusiones. Entender la decisión de Luisina de abandonar el mundo para profesar en la Esclavas me costó una úlcera de duodeno. A mi natural melancolía se unió esa tristeza sin fondo que ni los auxilios espirituales logran paliar.

Irene llegó a mi vida en un baile de verano al que mi amigo Aurelio me llevó como quien dice a punta de pistola. Que dos años más tarde aquella tierna seductora se fuese precisamente con Aurelio, yugulando a un tiempo amor y amistad, fue lo que provocó, en el abismo de la desgracia sentimental, mi hospitalización.

Antonia era una enfermera compadecida que me sacó a flote usando todos los atributos que una mujer puede poseer. El amor del enfermo es un amor sudoroso y lleno de pesares, más frágil que ninguno. Cuando una tarde vi a Antonia y al Doctor Simarro besándose en el jardín me metí para el cuerpo un tubo de aspirinas. Gracias como siempre a mi tía Eredia, culminé tras la crisis la desolada convalecencia y, cuando definitivamente me sentí repuesto, comencé a considerar la posibilidad de retirarme del mundo, habida cuenta de que mis convicciones religiosas se habían fortalecido.

Fue entonces cuando me escribió Amparo reclamando mi perdón y reconociendo la interpretación errónea que había hecho de su amor por mí. Nos casamos en seguida y todo iba bien hasta que Luisina, que colgó los hábitos, volvió para recuperar mi amor e Irene y Antonia, bastante desgraciadas en sus respectivos derroteros sentimentales, regresaron para restablecer aquella fidelidad herida convencidas, cada una por razones distintas, de que único amor verdadero era el mío.

Mi tía Eredia anda la mujer muy preocupada y yo, como dice mi amigo Gonzalo, sobrellevo con astucia y aplomo desconocidos mi destino, trabajando en tantos frentes a la vez. Y me voy convenciendo de que existe una rara justicia amorosa que nos hace cobrar los abandonos, aunque su aplicación puede acabar resultando perjudicial para la salud.

En Los males menores. Micorrelatos. Edición de Fernando Valls. Colección Austral. Espasa

Breve y en lunes

Relato lleno de minuciosidad, ironía y cinismo cuyo mensaje se concentra en el título. De Gabriel Jiménez Emán, escritor venezolano.

EL IDIOTA

Cuando el sabio señaló la luna, el idiota se quedó mirando el dedo del sabio, y vio que se trataba del índice. Era un dedo arrugado, envuelto en una epidermis desgastada, cuyo tejido anterior se hacía tan fino que el espesor de la sangre, fragmentado en pequeños puntos rojos, se dividía a su vez en forma de tabique, debido a las líneas irregulares que en grupos de cinco separaban a las falanginas de las falangetas. Por la parte posterior, en la superficie de los nudillos, estas líneas eran más numerosas y parecían nervaduras de hoja, pues el sabio era tan viejo que la piel del nudillo era un pellejo de consistencia inerte, y hasta tenía ciertas marcas de los mordiscos leves que el sabio le había dado en los momentos de reflexión.

En los demás dedos del sabio había ciertos vellos que el idiota apenas conseguía registrar con el ojo, tal era su concentración en el índice, distintos de aquellos por ser lampiños, con los poros más grandes y de una uña más pronunciada, curva y de una pátina tenue de amarillo. Su superficie se adivinaba casi tan lisa como la de un cristal, y brillaba. El contorno de la cutícula estaba perfectamente dibujado; no había en su línea cóncava ni el más mínimo desprendimiento. El nacimiento de la próxima uña, blanco y puntiagudo, formaba con la cutícula un óvalo que el sabio miraba a veces, encontrando en él una especie de centro universal cuyo significado desconocía. Se detuvo por fin el idiota en la parte superior de la uña, que coincidía exactamente con el nivel de la yema y cuyo borde se inclinaba hacia abajo. Allí el idiota vio, perfectamente reflejada y redonda, a la luna.

Texto recogido en Narrativa breve

(Revista Biografia)

Breve y en lunes

Un cuento seleccionado de la página Narrativa Breve, que lleva una introducción de Almudena Grandes:

Ningún destino es tan ingrato

como el de las personas condenadas a vivir

eternamente en septiembre.

Septiembre

La casa está fría. Hay nubes deshilachadas, borrones grises, flecos azules a través de la persiana. La luz se cuela aún como polen de oro, cada vez con menos fuerza, como si presintiera ya el otoño.

La siesta no nos ha hecho bien. Luis se ha levantado con el ceño fruncido, con ese gesto tan suyo de estar enfadado con todos. Ana no quiere tomarse la leche. Lloriquea aún desde la cocina, quiere empezar a andar sobre el suelo frío. Anoche tosió un par de veces, a tientas en la madrugada aparecieron por fin los edredones.

La piscina se ha puesto verde. Flotan bolsas de plástico, alguna silla, el césped se adueña ahora de todos los rincones. Luis pregunta por las ranas. Una y otra vez, cientos de veces, tironea de mi falda hasta que atrae mi atención. Las ranas, cuándo vuelven las ranas, están ya las ranas en el agua sucia, en esa agua tan sucia ya que no ve ni el fondo, podemos bajar a ver las ranas, mamá por favor. Ana llora.

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Breve y en lunes

Primera entrega de Breve y en lunes, la sección de cuentos cortos que iniciamos el curso pasado.

Es tiempo de recoger el maíz en los pueblos de Aragón. Esta leyenda cuenta cómo llegó el preciado fruto a los aztecas. La hemos tomado de “Mitos y leyendas. El sitio web de la mitología y leyendas”

La leyenda del maíz

La leyenda de el maíz

Cuentan que antes de la llegada de Quetzalcóatl, los aztecas sólo comían raíces y animales que cazaban.

No comían maíz, pues este cereal tan alimentacio para ellos estaba escondido detrás de las montañas.

Los antiguos dioses intentaron separar las montañas con su colosal fuerza pero no lo lograron.

Los aztecas fueron a plantearle este problema a Quetzalcóatl.

  • Yo se lo traeré- les respondió el dios.

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Breve y en miércoles

En el Encuentro de Leer juntos de Biescas se propuso este cuento de Saki –Héctor Hugh Munro– que, aunque no es muy breve, es interesante, por la influencia que este autor ha tenido en autores como Roald Dahl y por su humor y mordacidad.

James Cushat-Prinkly era un joven que siempre había abrigado la firme
convicción de que un día de estos iba a casarse; y hasta los treinta y cuatro años de
edad no había hecho nada para justificarla. Quería y admiraba a un gran número de
mujeres, en conjunto y desapasionadamente, sin dedicar a una en particular ninguna
consideración matrimonial, lo mismo que uno puede admirar los Alpes sin por ello
querer ser dueño de un pico en concreto. Su falta de iniciativa a este respecto
despertaba cierto grado de impaciencia entre las mujeres románticas del círculo
hogareño. Su madre, sus hermanas, una tía que vivía con ellos y dos o tres comadres
íntimas contemplaban su moroso acercamiento al estado conyugal con una
desaprobación que harto distaba de ser muda. Sus coqueteos más inocentes eran
vigilados con la intensa avidez con que un grupo de foxterriers escrutaría los más
leves movimientos de un ser humano que diera razonables indicios de poder sacarlos
a pasear. (Continuará)

En este pdf se puede encontrar todo el relato de Saki: Té

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Breve y en lunes

El pasado 24 de octubre (2016) Nasrudín fue el protagonista de esta sección con “El pato de Nasrudín“. Proponemos ahora la lectura de este breve relato de la tradición Sufí que Mariano Lasheras sacó de su Maleta de cuentos el pasado sábado 6 de mayo en el Encuentro de Leer juntos que se celebró en Teruel.

Présteme su burro

Un vecino de Nasrudín fue a visitarlo.

– Mulá, necesito que me preste su burro.
– Lo lamento – dijo el Mulá – pero ya lo he prestado.

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