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Breve y en lunes

Un cuento de Juan José Millás que ha enviado Francisco Martín, coordinador del grupo de lectura de Castejón de Monegros.

EL PARAÍSO ERA UN AUTOBÚS

Él trabajó durante toda su vida en una ferretería del centro. A las ocho y media de la mañana llegaba a la parada del autobús y tomaba el primero, que no tardaba más de diez minutos. Ella trabajó también durante toda su vida en una mercería. Solía coger el autobús tres paradas después de la de él y se bajaba una antes. Debían salir a horas diferentes, pues por las tardes nunca coincidían.

Jamás se hablaron. Si había asientos libres, se sentaban de manera que cada uno pudiera ver al otro. Cuando el autobús iba lleno, se ponían en la parte de atrás, contemplando la calle y sintiendo cada uno de ellos la cercana presencia del otro.

Cogían las vacaciones el mismo mes, agosto, de manera que los primeros días de septiembre se miraban con más intensidad que el resto del año. Él solía regresar más moreno que ella, que tenía la piel muy blanca y seguramente algo delicada. Ninguno de ellos llegó a saber jamás cómo era la vida del otro: si estaba casado, si tenía hijos, si era feliz.

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Breve y en lunes

En la misma publicación que el cuento publicado el míercoles 31 de octubre, se recoge el Romance tradicional castellano, El enamorado y la muerte. En la página 213 de CUENTOS POPULARES DE LA MADRE MUERTE (Siruela),  se encuentra la siguiente referencia: Este romance tradicional tiene numerosas variantes, la nuestra es la recogida en Flor nueva de Romances viejos por Ramón Menéndez Pidal (Espasa Calpe, colección Austral, Madrid 1989, 32ª ed.)

El enamorado y la muerte

Un sueño soñaba anoche soñito del alma mía,
soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía.

Vi entrar señora muy blanca, muy más que la nieve fría
– ¿Por dónde has entrado, amor? ¿Cómo has entrado, mi vida?

Las puertas están cerradas, ventanas y celosías.

-No soy el Amor amante: la Muerte que Dios te envía.

-¡Ay, Muerte tan rigurosa,  déjame vivir un día!
-Un día no puede ser,  una hora tienes de vida-.

Muy deprisa se calzaba,  más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,  en donde su amor vivía.-

-¡Ábreme la puerta, blanca,  ábreme la puerta niña!
-Cómo te podré yo abrir  si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue a palacio,  mi madre no está dormida.
– Si no me abres esta noche,  ya no me abrirás querida;

la muerte me anda buscando,  junto a ti vida sería.
– Vete bajo la ventana  donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda  para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,  mis trenzas añadiría-.

La fina seda se rompe;   la muerte que allí venía:
-Vamos, el enamorado, que la hora ya está cumplida.

 

También se puede escuchar en las versiones de Joaquín Díaz: https://www.youtube.com/watch?v=-JaZdAwcRRE, o de Amancio Prada: https://www.youtube.com/watch?v=vM5e5HAJhCw

Breve y en miércoles

31 de octubre, víspera de las celebraciones que recuerdan a los muertos. En todas las culturas hay ritos, mitos y leyendas que intentan dar respuesta a la vida y a la muerte. Dos elementos indisolublemente unidos. El cuento de tradición china que se propone hoy termina con esta sentencia: La muerte de un gigante hizo posible la vida.

La muerte del gigante Pan Ku y el origen de la vida

Al principio sólo existía el Caos encerrado en un enorme huevo negro. Dentro de este huevo estaban las fuerzas femeninas, oscuras y frías, del Yin, y las masculinas, claras y calientes del Yang. Y estas fuerzas crearon a Pan Ku, una especie de gigante peludo que dormía dentro del huevo negro. Pan Ku durmió durante 18.000 años hasta que un día despertó, y al estirarse, lo rompió. De los trozos que quedaron del huevo, la parte oscura y pesada se quedó abajo y formó la tierra,  y la parte ligera y clara flotó y allá arriba formó el cielo. Pan Ku se quedó en medio para impedir que las dos partes se unieran. Se decía que cuando estaba enfadado todo se nublaba.

Pero la tierra y el cielo comenzaron a crecer, y crecieron tanto que Pan Ku no podía casi mantenerlos separados, tanta fuerza hacía para que no se juntasen que se agotó y murió. De cada parte de su cuerpo nació todo lo que ahora forma parte de nuestro mundo: su cuerpo y sus miembros se conviertieron en montañas, su aliento se transformó en el viento y las nubes, su voz en el trueno, un ojo se transformó en el Sol y el otro en la Luna. Sus músculos se transformaron en los campos de labranza, sus lágrimas en los ríos y los mares, su sangre formó el agua, y sus venas, los caminos. Las estrellas, las formaron su pelo y su barba, y la vegetación salió de su piel. Su médula se transformó en la fina lluvia y el rocío. Los seres humanos nacieron de las pulgas y piojos del gigante Pan Ku. La muerte de un gigante hizo posible la vida.

Cuentos populares de la madre muerte. Edición de Ana Cristina Herreros. Siruela

Breve y en lunes

Proponemos la lectura de El barquero gitano, cuento recogido por Diane Tong, en Cuentos populares gitanos, publicado por Siruela. Procede del Subcontinente indio, y fue contado por Najma Ayashah, en Nueva York en 1987. Esta historia “antitorre de marfil” expresa un punto de vista tradicional: la actividad intelectual es un lujo innecesario.

EL BARQUERO GITANO

Érase una vez un gramático que tenía un rato libre y decidió dar una vuelta en barca por el río. Alquiló una barca a un gitano que se dedicaba a eso. Durante el paseo, el gramático preguntó al barquero gitano:

– ¿Sabes algo de literatura? ¿Sabes escribir? ¿Sabes leer?

El barquero respondió:

– No, siempre estoy trabajando, intentando ganar suficiente dinero para alimentar a mi familia, y nunca tengo tiempo para aprender a leer. Para mí es una pérdida de tiempo. Sé hacer mi trabajo, sé todo lo que hay que saber sobre barcos, y no necesito más.

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Breve y en lunes. Día de las Escritoras

Dos textos, uno de Rosalía de Castro, otro de Carmen de Burgos, recogidos en el portal “Día de las Escritoras” que se leerán esta tarde del 15 de octubre en la Biblioteca Nacional de España. (BEA)

“Las mujeres ponen en relieve hasta el más escondido de tus defectos y los hombres no cesan de decirte que una mujer de talento es una
verdadera calamidad, que vale más casarse con la burra de Balaam y que
sólo una tonta puede hacer la felicidad de un mortal varón.

[…] los hombres miran a las literatas peor que mirarían al diablo […]
únicamente alguno de verdadero talento pudiera, estimándote en lo que
vales, despreciar necias y aun erradas preocupaciones; pero… ¡ay de ti entonces!, ya nada de cuanto escribes es tuyo, se acabó tu numen, tu
marido es el que escribe y tú la que firmas.

[…] ¿cómo creer que ella pueda escribir tales cosas? Una mujer a la que
ven todos los días, a quien conocen desde niña, a quien han oído hablar, y
no andaluz, sino lisa y llanamente como cualquiera. ¿Puede discurrir y
escribir cosas que a ellos no se les han pasado nunca por las mentes, y eso
que han estudiado y saben filosofía, leyes, retórica y poética, etc.?
Imposible, no puede creerse a no ser que viniese Dios a decirlo. ¡Si
siquiera hubiera nacido en Francia o en Madrid! ¿Pero aquí mismo?…
¡Oh!… “

Rosalía de Castro, Las literatas (fragmento)

Rosalía de Castro (1837-1885)

 

“No soy ambiciosa ni me importa el juicio ajeno. La calumnia se estrella a
mis pies lamiéndolos mansamente como el agua del mar a las rocas
inquebrantables.

Detesto la hipocresía y como soy independiente, libre y no quiero que me
amen por cualidades que no poseo, digo siempre todo lo que siento y que se
me antoja. Así los que me quieren, me quieren de veras. Los que me
detractan por la espalda, se quitan el sombrero delante de mi. Jamás pensé
en el medro personal a costa de mi libertad o de abjurar de mis
convicciones.

Hechos de mi vida? Ninguno notable. Me crié en un lindo valle andaluz,
oculto en las últimas estribaciones de la cordillera de Sierra Nevada a la
orilla del mar frente a la costa africana. En esa tierra, mora, en mi
inolvidable Rodalquilar, se formó libremente mi espíritu y se desarrolló mi
cuerpo. Nadie me habló de Dios ni de Leyes y yo me hice mis leyes y me
pasé sin Dios.

Allí sentí la adoración al panteísmo, el ansia ruda de los afectos nobles, la
repugnancia a la mentira y los convencionalismos…
(…)

Hoy solo creo en el arte y acepto el amor como bella mentira, una forma
más perfecta de la amistad.”

Carmen de Burgos, Autobiografía (fragmento)

Carmen de Burgos (1867-1932)

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Breve y en lunes

Aunque hoy es martes, vamos a comenzar la publicación de los relatos cortos de la sección “Breve y en lunes”. Lo hacemos con un cuento de origen noruego La oveja, la raposa y el lobo, en el que se descubre que no siempre el más fuerte es el que gana ya que la astucia -de las hembras protagonistas del cuento- suele dar mejores resultados.

La oveja, la raposa y el lobo

Una oveja se escapó del rebaño. Una raposa que corría en dirección contraria, se detuvo y le preguntó:

  • ¿Adónde te lleva el Señor, comadre?
  • ¡Ay, comadre! Vivía en el rebaño de un labriego, pero la vida se me hizo allí insoportable: me echaban la culpa de todas las barrabasadas que hacía el borrego. Por eso dicidí huir hasta donde mis patas me llevasen- explicó la oveja.

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Breve y en lunes

El cuento de hoy procede de África, de los Boso o Bozo que en lengua Bambara significa “casa de bambú”. Son un pueblo Mandinga, se dedican a la pesca y se les conoce como los señores del río.  Sus gentes se distribuyen en distintas zonas de Mali, Nigeria y Burkina Fasso.

El pájaro inquieto

Recién creado el mundo, todas las aves eran blancas.

Con el tiempo, se fueron cansando de ser todas del mismo color y rogaron al gran dios Mulungu que les diera colores brillantes como los de las flores.

Mulungu accedió a ayudarlas.

Todas las aves formaron en semicírculos frente a Mulungu, que se sentaba en su silla de jefe, rodeado de cacharros con pinturas de distintos colores, dispuesto a cumplir la promesa que les había hecho.

Los pájaros debían esperar turno pacientemente.

Cuando Mulungu los iba llamando, se subían a sus rodillas y él escogía los colores, los pintaba y los dejaba marchar.

Sin embargo, había un pájaro llamado Mada, que tenía fama de ser inquieto e impaciente y estaba todo el tiempo corriendo de un lado al otro y haciendo el mayor ruido posible para llamar la atención de los presentes.

Ahora quería los colores más vistosos y no estaba dispuesto a esperar turno, sino que volaba una y otra vez acercándose a Mulungu y gritando:

  • ¡Píntame a mí!¡Píntame a mí!
  • Ten paciencia, Manda –le contestaba Mulungu, una y otra vez.

Y el gran dios seguía pacientemente pintando a los que estaban por delante de Manda en la cola.

Al tejedor le pintó el cuerpo de negro y las alas de rojo; al turaco, de azul, verde y morado. Pero Manda no podía quedarse tranquilo y seguía incordiando par que lo atendieran antes que a los otros.

Para quitárselo de encima, Mulungu dejó de pintar a un ave zancuda que tenía en las rodillas y llamó a Manda.

  • Está bien –le dijo-. Ven aquí y tendrás lo que quieres.

El ave zancuda se alejó a medio pintar, y por eso la cogoñuela tiene las patas rojas y las alas negras, pero el resto de su cuerpo sigue siendo blanco.

Manda saltó a las rodillas de Mulungu dándose importancia frente a los otros pájaros, y el dios, con gran rapidez, lo embadurnó de marrón y de gris y lo despidió sin más palabras.

Por esta razón, Manda es el ave menos vistosa, pero sigue siendo tan ruidosa y alborotadora como siempre, y aún se la puede oír llamando a Mulungu con el grito de: “¡Píntame a mí! ¡Píntame a mí!”.

En El libro de los Cuentos del Mundo. Historias y leyendas mágicas que se cuentan todas las noches en los cinco continentes. Recopilación de Guillermo López. Integral

Este cuento también está publicado en la Editorial Everest

Para saber más de los Bonzo:

http://www.ikuska.com/Africa/Etnologia/Pueblos/bozo/index.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Pueblo_bozo